Nuestro viaje por el sur de Madagascar.

Red is the new Green…

Son las 7 de la mañana. Acabamos de desayunar. Omelette bañado en aceite, café quemado, algunos trozos de piña pasada y baguette del día. Suficiente para llenar el estómago y comenzar a caminar por el bosque lluvioso, aunque de lluvia por acá no hemos sabido nada. Estamos en búsqueda de lémures y camaleones. A los pocos metros de nuestro recorrido nos topamos con un nido y una madre empollando, asustada de nuestro lente y del griterío que se escucha a pocos metros. De un momento a otro nos vemos rodeados de lémures, pero pasan tan rápido que tuvimos que contentarnos con verlos por pocos minutos. Después de 5 horas de caminata vimos 4 tipos de lémures, pero en cada grupo, podíamos contarlos con los dedos de una mano.

Esta es la realidad que vive Madagascar. Un paraíso que en otra época era conocido como la isla verde, pero ahora con la quema de árboles para hacer carbón y la deforestación para crear cultivos de arroz, han cambiado la zona sur del país a un paisaje semi desértico. Esto ha contribuido en cierta medida a la disminución de especies endémicas del país. Los lémures, un curioso tipo de primate que sólo es posible ver acá, ha caído en número al igual que camaleones y otra variedad de fauna cuyo hábitat ha ido desapareciendo.

Madagascar, la isla más grande de África y la cuarta del mundo, se originó a partir del Gondwana, separándose del continente africano y más tarde de India, quedando a mitad del camino. En la isla dicen que cuando eso sucedió, todos los monos quedaron en África y Asia, mientras que aquí, quedaron sólo lémures. Una gran variedad de ellos. Se han encontrado alrededor de 120 especies y cada año encuentran más. A pesar de esto son los mamíferos en mayor peligro de extinción con un 90% de las especies amenazadas.

Antananarivo.

Vista de Antananarivo Vista de Antananarivo, desde Rova Vista del Queen Palace (Rova), en Antananarivo Queen Palace (Rova), en Antananarivo

Nuestro viaje por Madagascar comenzó en Antananarivo, la capital, conocida comúnmente como «Tana». Alojamos 2 noches, por que la realidad es que no da para mucho más. Un día es suficiente para ver lo que ofrece la ciudad y darse cuenta de la extrema pobreza que invade al país. Se estima que un 15% de la población tiene acceso a electricidad y que un 40% tiene acceso a la educación básica. A pesar de eso, la ciudad es muy linda y pintoresca. A ratos nos recordaba los cerros de Valparaíso con sus casitas de colores sobre los cerros. Caminar por sus calles en primavera con los jacaranda en flor es lindo, aunque en cada esquina es posible observar gente en precarias condiciones. Visitamos el Queen Palace (Rova), que en 1995 sufrió un incendio de dudosa procedencia el cual destruyó todo el interior, así que hoy sólo es posible verlo por fuera. Vimos también la Catedral y el centro de la ciudad. Nada nos llamó mucho la atención.

Al día siguiente comenzamos la ruta hacia el sudoeste de la isla. Nuestra idea era recorrer 6 parques nacionales, algunos pueblos y finalmente llegar a la costa para ver un bosque de Baobabs y descansar unos días en la playa. Previo al viaje teníamos pensado hacer todo esto por nuestra cuenta, arrendando un auto y recorriendo como lo hemos hecho en muchos otros países. Pero bastan pocas búsquedas en Google y consultar con algunas personas locales para entender que acá las cosas no son tan simples. La mayoría de las compañías que arriendan auto lo hacen con un chofer incluido (de todos modos conocimos gente que pudo arrendar sin estas condiciones). Los caminos están en malas condiciones, por lo que hacer 100kms. puede tomar varias horas dependiendo de la ruta. Y por último, recomiendan (aunque más bien es una prohibición) no transitar de noche porque es muy peligroso. Las otras formas de viajar son en tuk-tuk para trayectos cortos, taxi brousse o buses (los que descartamos porque no permiten ir haciendo paradas al antojo). Decidimos contratar a un guía/chofer/planificador turístico con quien nos juntamos a conversar de la ruta, planificar los días y el itinerario. En total, 13 días de viaje por el sudoeste de Madagascar, cubriendo 3 parques nacionales, una reserva, un bosque de baobabs y algunos días de playa.

Rumbo a Ranomafana.

Madagascar, camino a Ranomafana
Uno de los paisajes de campos de arroz y casas que se pueden ver en la ruta rumbo a Ranomafana.

8am. Brilland, nuestro guía, nos recoge en nuestro departamento para partir el recorrido. Primera parada, comprar botellas de agua y sacar algo de efectivo (Ariary Malagasy es como se llama la moneda de Madagascar) del cajero. No es fácil tener «cash» en la isla y son pocos los cajeros que hay entre ciudades así que hay que aprovechar cada instancia que se presente. Las filas para cada cajero por lo general son extensas y, en casi todos, la única tarjeta que funciona es la VISA (no digan que no avisé antes).

Rumbo a Antsirabe, pequeño pueblo donde no hay mucho que hacer pero que es nuestra primera parada por la distancia que debemos recorrer, pudimos ver una gran cantidad de campos de arroz. Campos que alimentan a gran parte de la población del país. El arroz es parte esencial de la dieta Malagasy, prácticamente todos los platos se basan en él. La comida Malagasy no tiene nada que destacar; es más, cocinan bastante mal y la oferta se basa en gran medida en arroz, carne de cebú, pollo o pescado y algunas verduras. También vimos gran cantidad de fabricantes de ladrillos que bordean extensos tramos de la carretera, con sus hornos humeantes armados cual Tetris gigante, para vender cada ladrillo a un valor de CLP$18 algo así como USD$0.027. Todo esto enmarcado en magníficos paisajes repletos de cerros, variedad de colores y pequeños poblados con construcciones pequeñas que hacen de las extensas horas de viaje algo fácil de sobrellevar. En general la velocidad máxima no sobrepasa los 60/70kms. por hora y al no poder viajar de noche, cada tramo hay que hacerlo durante el día. El primer día hacemos alrededor de 165kms. en 6 horas.

Al día siguiente, recorridos 160kms. comenzamos a tener problemas con el auto. Quedamos detenidos a escasos 60kms. de nuestro destino pero el reloj ya daba la una de la tarde y la distancia restante significaba alrededor de 2 horas más de viaje. Al poco rato empezó a llegar gente para intentar resolver el problema. Entre unas 8 personas, principalmente mirones, y 2 horas después, solucionaron el problema y pudimos seguir camino, no sin antes tener que hacer un par de paradas para ayudar a otros autos con problemas. Todos quieren y saben que deben evitar estar de noche en las carreteras.

Visitando el bosque lluvioso.

El Parque Nacional de Ranomafana es un área protegida con más de 41 mil hectáreas de bosque tropical lluvioso. Hogar de flora y fauna única en el país, como el Golden Bamboo lemur, el gran Bamboo lemur, Red-bellied lemur, Red-fronted brown lemur y el Red mouse lemur, que son los que vimos nosotros. Pero calculan que hay alrededor de 15 especies de lémures en los bosques del parque.

Lemur Red Fronted Brown mirando desde un árbol, Ranomafana Pájaro anidando, Ranomafana Lemur Red Fronted Brown comiendo en un árbol, Ranomafana Insecto hoja, Ranomafana

Los paseos por los parques nacionales de Madagascar deben ser obligatoriamente con guía, los que deben ser pagados al ingresar a cada parque al igual que las entradas. Pero ojo, que a pesar de pagarles al entrar, esperarán una propina al finalizar el recorrido. Esto tiene sus beneficios, como poder encontrar animales con cierta facilidad ya que entre guías se van comunicando para informar dónde han visto lémures. Pero hay que tratar de encontrar alguno que hable bien el idioma ya que en nuestro caso nos costó encontrar guías con buen inglés. Por lo general les preguntábamos «¿Qué tipo de lemur es ese?», a lo que comúnmente nos respondían «Sí, sí…»

El paseo por el parque consiste en varios senderos muy bien preparados y demarcados que se pueden hacer para buscar lémures, camaleones, aves, observar flores y plantas. Pero lo común es que se encuentren animales fuera de los senderos por lo que es importante ir con zapatillas y preparado para tomar caminos inesperados entre la selva. En más de una ocasión nos encontramos bajando por quebradas resbalosas y cayendo entre las ramas para ver un lémur que apenas se distinguía entre las ramas. También hicimos un paseo nocturno por la carretera que pasa afuera del parque (no es posible entrar al parque de noche). Al caminar justo cuando cae el sol, es posible ver brillar los ojos de los lémures en los árboles y encontrar el Red mouse lemur (el lemur más pequeño de todos) y una gran variedad de camaleones.

Subiendo el Pico Camaleón en Andringitra.

Nuevamente partimos temprano rumbo al Parque Nacional de Andringitra, donde se encuentra la segunda montaña más alta del país, el Pic Boby con 2.658 mts., rodeada de cerros de menor tamaño pero de similar belleza. En nuestro camino pasamos a retirar plata a la ciudad de Fianarantsoa, nombre que significa «buena educación» en malgache, y famosa por ser el punto de partida del tren al este, el último tren de pasajeros de la isla y que es un gran atractivo para muchos turistas. Nosotros no lo hicimos. Estuvimos poco tiempo en la ciudad, suficiente para ver el ritmo, nuevamente la extrema pobreza y los imperdibles miradores desde lo alto de las montañas.

Andringitra, desde el Pico Camaleón
Vista del Parque Nacional de Andringitra desde la cima del Pico Camaleón

Continuamos en la carretera por varias horas hasta llegar a un camino de tierra desde el cual podíamos ver a la distancia una neblina con olor a humo. Efectivamente era un gran incendio que tapó todo el cielo. No había posibilidad de apreciar las increíbles montañas que nos habían prometido, es más, difícilmente podíamos distinguir qué había más allá de unos 20 mts. y se hacía difícil respirar. No es la primera ni última vez durante los días en la isla que veríamos bosques y campos arder bajo «quemas controladas» para hacer carbón. Lo vimos en los bosques protegidos de Ranomafana, donde los árboles ardían cada día. También en las distintas rutas por las que habíamos pasado, nuevamente en este parque nacional y varias veces más en lo que restaría de viaje. Lamentablemente durante la época seca, es costumbre y un negocio de supervivencia. Seguimos avanzando a paso lento, intentando llegar al alojamiento que sería el punto de partida para nuestro trekking hacia lo alto del Pico Camaleón. Durante la cena conocimos a quienes definimos como nuestra familia de Madagascar. A.G. (quien vive en Antananarivo hace 5 años) y Henk, dos hermanos canadienses con raíces holandesas y tremendas historias, junto a Carole y John, una pareja de británicos con una experiencia en viajes que ya nos gustaría vivir. Con estos últimos realizamos al día siguiente la subida al Pico Camaleón. 450 mts. de subida, con increíbles vistas al valle para llegar a un punto desde donde se distingue perfectamente la forma de un camaleón en la cima de la montaña (he ahí el nombre) y luego 150 mts. más, para llegar al punto más alto y observar lo maravilloso de este parque. Si bien el Pico Camaleón está lejos de ser la montaña más alta, la subida de 600 mts. por un sencillo sendero, permite ver paisajes muy fotogénicos de lo que es esta zona de Madagascar. Al descender, fuimos a una piscina natural para luego pasar por un bosque en el que pudimos encontrar el famoso Ring Tail lemur y ver uno que otro camaleón.

Jugando Petanque en Andringitra. Camaleón caminando entre las ramas de un árbol, Andringitra. Lagartija en lo alto de las montañas de Andringitra.

Al volver al hotel, nada mejor que coronar el día jugando Petanque, ese famoso deporte que se juega en todos los parques de Francia y que creíamos no se jugaba en ningún otro lugar, pero que para nuestra sorpresa resultó ser que en Madagascar son los campeones del mundo. Incluso desplazando a sus creadores.

Isalo, el gran cañón de Madagascar.

Al día siguiente partimos nuevamente a la ruta. El destino: el Parque Nacional de Isalo. No sin antes desayunar junto a nuestra nueva familia, esperando volver a encontrarnos en algún otro punto del viaje.

La ruta de Andringitra a Isalo consistía en un tramo más corto que los anteriores, pero implicaba pasar por una zona de alta montaña con bellos campos en altura. Campos plagados de cebús, un bovino que se da en Madagascar y que se exporta a varios países. Según la leyenda, hay tantos cebús como personas en la isla, por lo que es difícil no verlos en un viaje a estas tierras. Los cebús tienen mucha importancia en la cultura malgache. Ayudan en el trabajo diario en las siembras de arroz, son un modo de transporte y, significan poder, tanto en las tribus como económicamente. Se cuentan muchas tradiciones en torno a este animal. Si bien los dueños de este ganado hoy siguen teniendo poder, las tradiciones han cambiado, y el principal interés son los millones que mueven día a día. Cada cebú vale cerca de USD$350 y es posible ver granjeros arriando a cientos por los extensos campos, negocio por el cual más de alguno está dispuesto a matar.

Atardecer en el Parque Nacional de Isalo
Atardecer en el Parque Nacional de Isalo

Llegamos para ver el atardecer al interior del parque, en un lugar llamado La Ventana de Isalo, una especie de ventana natural desde donde se puede enmarcar el sol y verlo bajar entre las extrañas formaciones de piedra y una que otra palmera que aparece en una extensa planicie.

Al amanecer partimos a hacer nuestra caminata por el parque. 13 kms. de recorrido. Bellísimos senderos que pasan entre cañones, quebradas semi tropicales con caídas de agua y cascadas, bosques repletos de lémures, entre los que pudimos ver el Sifaka lemur y al Ring tail lemur, búhos, serpientes y muchas variedades de aves e insectos como palotes o alacranes. Es el parque que más nos gustó. Los increíbles paisajes, la variedad de colores y animales que se pueden ver, lo hacen un imperdible de Madagascar. Hay una zona de picnic, donde los lémures se acercan a pedir comida y aunque saben que los turistas no les van a dar, están bastante acostumbrados a la convivencia, acercándose con total confianza.

Mangily y el bosque de Baobabs.

Comenzamos nuestro camino hacía la costa oeste de Madagascar, zona de lindas playas como las de Anakao (pueblo pesquero), Ifaty y Mangily. Nosotros nos quedamos en esta última por su cercanía al bosque de Baobabs.

Rumbo a Tulear, la ciudad más grande de esa zona, desde donde es posible tomar vuelos a Tana diariamente, pasamos por pueblos donde se dedican a la extracción de piedras preciosas en los ríos (obtienen prácticamente de todo menos diamantes). En la medida que nos acercábamos a la costa y el terreno se volvía cada vez más seco, empezamos a observar más de la pobreza de estas tierras. Gente viviendo en chozas construidas de ramas y paja, donde solo hay espacio para uno. Caseríos armados alrededor de una fogata nos mostraron lo más triste de esta zona. En toda la ruta de Tana hasta Tulear, es posible encontrar gente pidiendo comida o plata. En algunas zonas pidiendo botellas de agua, que según nos explicaban es para poder almacenar el «ron ilegal» que hacen al costado del camino y poder venderlo con más facilidad. En otras partes, niños tirando tierra a los hoyos de la carretera, tratando de reparar de algún modo los problemas del gobierno, para poder pedir plata. En cada parada que hicimos para tomar fotos a los paisajes, niños corrían al auto para pedirnos plata o comida, a veces con camaleones pidiendo fotos a cambio de plata. El escenario es bastante desgarrador y triste. Es difícil estar ajeno a lo que pasa por este lado.

Llegando a Mangily, tuvimos nuestros días de playa. Una playa de arena blanca, bonitas aguas y llena de pescadores que le daban cierto carisma al lugar. Pero bastaba que pisáramos la playa para ser acosados por niños tratando de vender lo que sea, algunos con una originalidad muy chistosa, a los cuales no pudimos evitar comprarles sus artesanías. Si bien las playas son agradables y tuvimos nuestro descanso, no es lo que imaginábamos.

Baobabs en Mangily, con Carla. Baobabs en Mangily. Vista inferior de un Baobab en Mangily.

Fuimos al bosque de Baobabs, donde pudimos ver 4 especies endémicas de este árbol. Algunos jóvenes y otros según nos dijeron de unos 3.000 años. El Baobab, un árbol con forma de botella tiene 8 especies, 6 de las cuales se encuentran en varias partes de Madagascar, siendo el lugar más conocido la Avenida de los Baobabs, donde se pueden ver los árboles más grandes en este país. Lamentablemente eso queda cerca de Morondava, una región que se encuentra con algunos problemas políticos y donde han habido algunos ataques a turistas, por lo que al día de hoy si se visita esa zona el gobierno obliga a viajar con un gendarme armado dentro del auto. Si bien dicen que no pasa nada y es seguro, no nos pareció atractivo hacerlo y decidimos no ir. Vinimos a esta zona, aunque debo decir que quedamos con gusto a poco. Los árboles son alucinantes pero el paseo fue un poco aburrido. Para llegar al bosque nos propusieron ir en el «Mercedes Benz local», como le dicen a unos carros de madera tirados por cebús que no nos producían ninguna gracia al ver el estado de los animales. Preferimos ir caminando.

Reserva de Anja.

Carla y los lemures en Anja.
Carla y los lemures en Anja.

En nuestro regreso a Antananarivo para tomar el vuelo, nos quedaba una parada más. Para no hacer la vuelta tan larga, dejamos la Reserva de Anja, que se encuentra muy cerca de Andringitra, para el final. Esta pequeña reserva de la comunidad cuenta con un recorrido de unas 2 horas y concentra la mayor población de Ring Tail lemur de la isla. Basta entrar y encontrarse con montones de estos primates comiendo por todos lados. Eso si, es mejor ir en la mañana, que es cuando están más activos. Mientras más tarde más posibilidades hay de encontrarlos durmiendo en los árboles. También pudimos ver camaleones y serpientes. El recorrido pasa por unas formaciones rocosas muy interesantes, caminando entre cuevas que son hogar de murciélagos y búhos, y escalando piedras para llegar a miradores muy bonitos.

Ring Tail Lemur en Anja. Cola del Ring Tail Lemur. Carla caminando por las rocas de Anja Reserva Natural de Anja.

Regresando a Tana para tomar el avión.

Finalmente acabamos nuestros días en Madagascar, pero durante todos los días que siguieron a nuestro encuentro con la familia que hicimos en Andringitra estuvimos conversando para juntarnos nuevamente en Tana. Planeamos una comida en un restaurante muy bonito, recomendado por A.G., quien tiene experiencia en la ciudad. Nos juntamos a comer y fue muy entretenido volver a verlos a todos después de una semana. Hablamos de las elecciones presidenciales que se llevarían a cabo en unos días, de la corrupción en distintos ámbitos y de la policía. Nos llamaba la atención que durante el viaje constantemente nos paraban para preguntar cosas, nuestro guía estaba al día con todo y nos advirtió que debíamos llevar los pasaportes siempre a mano. Vimos cómo paraban a los buses y taxi brousse para pedir documentos y estos por lo general les pasaban un diario doblado con plata y los dejaban seguir. Es algo bastante público, que vimos en múltiples ocasiones. Según nos explicaron es algo que ya es aceptado socialmente y muchos asumen que es el procedimiento. Después de cenar, tomamos un taxi y al doblar en la esquina, 4 policías armados con ametralladoras detienen el taxi. Como salimos sin nada del hotel, sabíamos lo que se venía. Nos pidieron los pasaportes y como no los teníamos, nos hicieron bajar del auto. Después de discutir en un mal francés y uno que otro garabato en español, acordamos un precio y nos dejaron ir. Era pagar o pasar 48 horas en la estación de policía, según sus «amenazas». Ahora sí podíamos decir que vivimos la experiencia full en Madagascar. Lamentablemente no la que hubiésemos querido.

Nuestros días en Madagascar fueron sin duda, días de muchas anécdotas e historias. Lo pasamos bien, a pesar de que no era el destino que esperábamos encontrar. Conocimos gente increíble de quienes nos llevamos buenísimos recuerdos. Ojalá podamos volver en otro momento, conocer lo que nos ha ido quedando como Diego Suarez, Nosy Be, la isla de Sainte Marie, la Avenida de los Baobabs y el Parque Nacional de Tsingy de Bemaraha. Idealmente encontrarnos un país con menos problemas y con mejores oportunidades para su gente.

A.

Fecha de nuestra visita: 18 de Octubre al 2 de Noviembre del 2018

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3 comentarios para "Nuestro viaje por el sur de Madagascar."

  1. Muy buena la descripcion del viaje, lo que nos permitio a nosotros poder conocer algo de Madagascar, un destino que nos resultaba totalmente desconocido y del que ahora conocemos al menos las cosas importantes, como llevar los pasaportes o un diario con muchos billetes.

  2. Hola! Buena historia. Yo ahora estoy en Nosy Be y me gustaría llegar a ver los baobabs en el sur. Tienen algun dato del guía turístico que me pudieran compartir? No sabía lo peligroso que podría ser Morondava…
    (Soy de Chile también)
    Gracias y saludos!
    Buen viaje 🙂

    1. Hola Ignacio, gracias por tu comentario. Como te comentamos por Instagram, tenemos el contacto del guía con el que hicimos el tour por Madagascar. Te lo enviamos por interno a ver si puedes organizar tu viaje por allá.

      Pd. Tendrás que compartirnos tus datos de Nosy Be entonces. 😀

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