Túnez, paseando entre playas, ruinas y escenarios de película.

Cuando pensaba en Túnez, veía a Luke Skywalker en su casa de niño o visitando a sus padres en el planeta de Tatooine, pensaba en hermosas playas como en general son las costas del Mar Mediterráneo y en ruinas arqueológicas. La realidad no me decepcionó. La República Tunecina, el país más pequeño del Magreb, con una población que apenas sobrepasa los 10 millones de habitantes es mucho más que eso. Lamentablemente conocimos muy poco.

Todo partió luego de un tormentoso viaje desde Marrakech a Túnez, la capital. Muy de madrugada, horas antes de tomar el vuelo empecé a sentir un violento dolor de estómago, de esos que imaginaba no me dejarían levantarme del baño. El dolor y mi incomodidad eran tremendos y cada minuto se volvía peor. Carla sin saber cómo, trataba de ayudarme y darme ánimo. Aunque palabras eran lo último que necesitaba… Luego vinieron los eternos controles para entrar al aeropuerto. Control para entrar en auto al aeropuerto, para entrar al edificio, check-in, policía internacional y finalmente poder pasar a la puerta de embarque. ¡Que eternidad! Ni el vuelo con niños llorando y música árabe de fondo, ni la llegada a tierras tunecinas, aminoraron mi problema. Al rato de llegar nos requisaron el dron, haciéndonos firmar infinidad de papeles y manteniéndonos en espera sin entender muy bien por qué. Mi francés es nulo, pero como Carla lo habla bien, ella tenía que hablar con los policías que nos interrogaban. Mientras, yo miraba con cara de emoticon 😦 y con ganas de ir al baño… después de un interminable interrogatorio en el que nos preguntaron de todo, incluso la cuenta de Instagram, nos dejaron partir. Entre cansancio y malestar tomamos un taxi para que nos llevara directo a Sidi Bou Said, nuestro primer destino.

Caminando de azul y blanco en Sidi Bou Said.

Casas de Sidi Bou Said, Túnez Casas en Sidi Bou Said, Túnez Carla en Sidi Bou Said, Túnez Callejones en Sidi Bou Said, Túnez

Llegamos a nuestro alojamiento, una casa bien bonita que como todo en Sidi Bou Said es azul y blanco. La característica principal de este lugar son sus casitas en estos colores. Rejas, puertas y algunos detalles en azul, paredes blancas que hacen juego con el intenso turquesa del mar. Un lugar muy bonito y pintoresco por donde pasaron artistas que inspiraron parte de su obra como Paul Klee, August Macke y Louis Moillet. Pueblo de bella artesanía con platones pintados, coloridas alfombras y objetos que es imposible dejar de apreciar.

Después de descansar prácticamente todo el día, salimos a caminar por sus calles. Pequeñas y de escasos metros, pero no por eso menos interesantes. Llenas de cafés y negocios de artesanos en construcciones de siglos pasados que han sobrevivido los golpes de la historia. Túnez es originalmente tierra de bereberes, pero con los años comenzó a sufrir la inmigración de fenicios. Éstos fueron conquistados por los romanos, que luego fueron conquistados por musulmanes. Dando paso al Imperio Otomano y finalmente para que Francia tomara posesión de las tierras. En 1956 se independizó a una monarquía que con los años y varias disputas dió pie a una democracia. Todas estas disputas se notan en su arquitectura y decoración. La última gran revuelta sucedió en Diciembre del 2010, cuando se inició lo que hoy se conoce como la Primavera Árabe. De Túnez se extendió al resto de los países árabes produciendo revueltas, protestas y guerras civiles que cambiaron la actual forma de gobernar estos países y donde algunos aún siguen enfrentando conflictos. Esta revuelta se sigue percibiendo en su gente y a la vez ha impactado en el turismo del país. Visitamos una antigua casa que hoy es un museo para mostrar cómo vivía la gente en épocas remotas, nos invitaron un té y tuvimos la suerte que nos dejaran ver el atardecer desde el techo.

Atardecer desde los techos de Sidi Bou Said.
Viendo el atardecer desde los techos de Sidi Bou Said, en el norte de Túnez.

La playa de Sidi Bou Said si bien es de un azul intenso y muy bonita, tiene el problema de las playas islámicas. Se ven principalmente hombres y una que otra mujer completamente tapada. Para nosotros resultaba un tanto incómodo. Si bien íbamos con mucho respeto a sus costumbres y creencias, Carla soportando el intenso calor pero de hombros y tobillos cubiertos, seguía siendo motivo de todas las miradas. Unas de lujuria y otras de molestia. Después de ver que no había ningún turista y de que éramos los únicos caminando por la playa, simplemente seguimos nuestro camino y volvimos al pueblo a tomar helado y caminar de noche.

Las ruinas de Cartago.

Una de las principales motivaciones de ir a Túnez, incluían ir a conocer las ruinas de la antigua ciudad de Cartago y el Museo Nacional de Cartago que están muy cerca de Sidi Bou Said. También ir a conocer el Museo Nacional del Bardo, en la capital. Éste último lo descartamos debido a que nos habían dicho que aún habían problemas por el atentado terrorista sucedido el 2015, donde murieron varios turistas, lo que ha sido uno de los motivos por los cuales ha disminuido el turismo en el país. Algunos temen que los conflictos que originaron la primavera árabe aún tengan repercusiones. Hoy puedo decir que fue un error no haber ido y que es probable que tengamos que regresar para ver de qué se trata.

Termas de Antonino, Cartago.
Parte de las ruinas de Cartago, las Termas de Antonino. Llegaron a ser las termas más importantes luego de las de Roma.

Las ruinas de Cartago eran para nosotros una antigua ciudad de ruinas romanas. Pero su historia es mucho más compleja que esto. Al llegar nos frenó en seco un guía que nos dijo que sabía 5 idiomas y que nos podría explicar acerca de la historia del lugar. Aceptamos su ayuda (obviamente pagada) y comenzamos el recorrido. Si bien nos había dicho que hablaba español, al poco caminar le pedimos respetuosamente si nos podría explicar en inglés. No nos fue mejor. Recorrimos las Termas de Antonino, el lugar mejor conservado de la antigua ciudad escuchando su historia. Si bien no entendimos mucho (prácticamente nada) de lo que nos dijo, nos quedó claro que la ciudad tiene una historia varios siglos antes de los romanos y que ellos llegaron a conquistar este corredor estratégico y a perfeccionar una ciudad muy bien concebida. Obviamente tuvimos que llegar a investigar más del tema y entender algo más de lo que habíamos visto.

La historia va algo así… La ciudad fue fundada por migrantes fenicios (un pueblo que habitaba en lo que hoy es Israel). Al tiempo se independizaron y llegaron a ser un poderoso Estado que tuvo grandes diferencias con Griegos y Romanos. Al estar en una estratégica posición en el Mediterráneo y con el fin de poder controlar esta zona, se llevaron a cabo diversas guerras conocidas como guerras púnicas. Los romanos tomaron posesión de la ciudad, volviéndose la capital romana en África. Su puerto se volvió el principal para trasladar mercadería del continente hacia Roma. Su historia sigue y tiene mil leyendas sobre las cuales historiadores siguen debatiendo y argumentando. De lo que no queda duda es sobre la increíble ingeniería con la que se construyeron sus puertos, el comercial y el militar, y su interesante arquitectura. Las termas de Antonino siendo los baños termales más importantes del imperio después de los de Roma, se encuentran rodeados de muchas otras ruinas interesantes de ver. Un anfiteatro que se sigue utilizando hasta el día de hoy, pequeños poblados, un acueducto y el Museo Nacional de Cartago, que concentra gran cantidad de ruinas y esculturas. Lamentablemente sólo pudimos recorrer su exterior ya que el interior se encuentra en reparaciones. Acá, nuevamente pedimos ayuda a una guía historiadora de Cartago con 3 idiomas en su tarjeta para que nos explique de su historia, pero el resultado fue el mismo. Lo que nos quedó claro es que Cartago originalmente no es romano. Su defensa sobre esto era tan apasionada que definió a los Romanos como una civilización barbárica que por su envidia de los Cartaginenses, exterminaron a su pueblo y destruyeron prácticamente todo su legado e historia para construir sobre su ciudad el actual legado de Cartago. Lo cual es cierto. Durante las diversas guerras los romanos exterminaron a los cartaginenses y los pocos que sobrevivieron fueron vendidos como esclavos. De todos modos, puedo decir que nos dijo hablar español y las únicas palabras que entendimos fueron «me entiende» y «me escucha»… así que gran parte de lo que nos dijo, podemos haberlo entendido mal.

Alberto en las Ruinas de Cartago, Túnez. Ruinas de Cartago, Túnez.

Conclusión: antes de contratar un guía, hacerle varias preguntas en tu idioma para saber si vas a entender, de otro modo no lo pagues. Por nuestro lado, hasta esta parte nunca habíamos visto ruinas de este tipo (romanas) y las disfrutamos.

Viaje al desierto, visitando sets de película.

Nuestros días en el norte se acabaron y tomamos un vuelo a la isla de Djerba, conocida como la isla más grande del norte de África.

Pasamos la noche en un hotel en medio de un calor infernal. Julio no es el mejor momento para estar en el norte de África, ya habíamos vivido sus altas temperaturas en el desierto de Marruecos y ahora nos preparábamos para hacer lo mismo en el desierto tunecino. Temperaturas que alcanzan los 50ºC, bajando a 30ºC durante la noche no es a lo que estamos acostumbrados.
De madrugada nos recogió Ali, nuestro chofer guía con quien habíamos estado conversando por Whatsapp para organizar un viaje desde la isla de Djerba a Tozeur. La idea era recorrer hacia el desierto, pasando por un inmenso salar, algunos oasis con caídas de agua y obviamente por algunos de los sets de Star Wars. La oferta parecía tentativa, a un precio muy razonable teníamos organizado el viaje en auto con aire acondicionado, guía, alojamiento y agua.
I’m out” nos escribe. Salimos con las mochilas a buscarlo y nos encontramos con un auto completamente destartalado, en dudosas condiciones. Nuestras miradas fueron una extraña mezcla de incomodidad y risa. Por un momento pensamos que con este auto iríamos a buscar el que realmente nos llevaría. Después de las presentaciones, Ali nos dice que había tenido un problema el día anterior con el aire acondicionado y que no estaba funcionando, pero que todo iría bien. Subimos al auto, eran las 7:30am, ya hacían 32ºC. Los asientos de plástico de bajo presupuesto y la ventana del copiloto mala. “Ayer se me rompió la ventana, pero durante el viaje la arreglamos” nos dice en una mezcla de inglés y francés. Partimos camino y hacemos nuestra primera parada a llenar gasolina. En el sur de Túnez está lleno de puestos de bencina, gente con bidones traídos de Libia ilegalmente. Obviamente a un menor costo. Una mezcla de dudosa reputación con extraños olores, según nos dan a entender es lo único que podemos pagar. Succionan un tubo y al rato, el «bombero» escupe la gasolina que alcanzo su boca y empieza a cargar. ¡Listos para partir!
Luego de unos 40 minutos de viaje, llegamos al ferry para salir de la isla. Djerba esta conectada al continente africano por un ferry que sale desde el norte y un antiguo puente romano (reconstruido varias veces) en el sur. La espera no fue tan larga, tal vez una media hora, pero el calor ya se empezaba a sentir.

La ruta se empezó a volver un tanto desoladora. Pueblos que parecen haber sufrido embates de una guerra, construcciones sin terminar, basura en increíbles cantidades, todo seco. Sin duda el desierto acá se hace sentir de un modo distinto al de Marruecos. Las vistas para llegar al salar de Chott el Djerid son bonitas, en sus mas diversos tonos, pero extremandamente seco. El calor es cada vez más intenso. Ya llegamos a los 40ºC, son las 12am y el auto comienza a ahogarse. Seguimos el camino, tomando muchísima agua, transpirando la misma sin poder controlar el calor. Finalmente el auto muere. No podemos seguir avanzando porque algo está fallando. Hacemos el intento para llegar a un lugar donde podamos almorzar y Ali nos dice que tiene un amigo que lo ayudará a ver qué pasa con el auto. Nos pide adelantar parte del pago para ver si con eso podemos reparar el problema. Nos deja en un local, donde claramente éramos los únicos extranjeros, todos nos miran con asombro. Nos sirven el menú, pollo frito con papas fritas para mi, cous cous de verduras para Carla. Después de una larga espera, Ali nos dice que el problema se ha resuelto, que tuvieron que cambiar la bencina porque ahogó el auto. Yo no entiendo nada de mecánica, así que le seguimos la corriente y continuamos la ruta.

Chott el Djerid, Túnez. Carretera en Chott el Djerid, Túnez. Paisaje de Chott el Djerid, Túnez.

Chott el Djerid, viajando por el desierto.

Empezamos a ver cómo de a poco la escasa vegetación empezó a cambiar. Los pequeños arbustos de a poco empezaron a ser mas bajos y mas separados entre sí. Hasta que ya no vimos nada y el tono arcilloso o café del suelo se volvió blanco. Llegamos al salar de Chott el Djerid. Un inmenso salar con vistas impresionantes. De una extensión cercana a los 7.000 km2, que dan la ilusión de que no acaba nunca o debido a los brillos dan la sensación de perderse en el agua, creando espejismos, un efecto que se da en esta época conocido como Fata Morgana. A pesar de lo impresionante, no es posible estar mucho rato ya que el calor es demasiado fuerte. Con temperaturas cercanas a los 50ºC, el asfalto de la carretera empieza a quemar, el viento es caliente y el sol reflejado en la sal hacen del lugar uno de los más inhóspitos en que hemos estado. De todos modos tremendamente hermoso.

Volvemos a ver cómo empieza la vegetación, en un contraste increíble. Empezamos a ver oasis artificiales cada tanto, llenos de palmeras y plantaciones de dátiles. Oasis que llaman la atención dentro de la sequedad de esta zona. El auto nuevamente con problemas, ya no da mas. No hay modo de seguir el camino y tampoco es posible esperar adentro. El calor es tremendo. Después de una hora volvemos a avanzar para llegar a Tozeur. Dejamos las cosas en el hotel. Nos damos una ducha de agua fría, pero acá, parece ser agua de terma. Nos dicen que el agua nunca se enfría. Les creemos. Ali nos consiguió un jeep para que nos lleve a ver el Oasis de Chebika y la cascada de Tamerza. Su auto no da más y él, bajo mucho estrés, intentará resolverlo para que podamos volver a Djerba al día siguiente.

Oasis de Chebika. Camino al Oasis de Chebika. Vista del Oasis de Chebika. Datiles en Chebika, Túnez.

Ahora estamos en un jeep con aire acondicionado y aceleramos la marcha. No tenemos mucho tiempo antes de que oscurezca y tenemos dos lugares cercanos a la frontera con Argelia que queremos ver. El oasis de Chebika no defrauda. Hacemos un paseo por el antiguo poblado para bajar caminando por unas quebradas y ver un increíble oasis natural. Hermosas palmeras llenas de dátiles en medio de las desérticas montañas del Atlas. Llegamos a un punto donde se inician las aguas. Es muy raro ver que de la tierra salga agua, prácticamente de la nada. Seguimos un canal y volvemos para continuar el camino hacia la cascada de Tamerza. Al llegar, prácticamente no hay agua. Lamentablemente nos dicen que así es en esta época. No vemos mucho, y empezamos el regreso a Tozeur. El día había sido bastante cansador y a ratos nos sentíamos defraudados por el paseo que estábamos haciendo, pero llegar a esta zona fue increíble. Los lindos paisajes, llenos de coloridos tonos café, múltiples tonos de amarillo, ocres, sin duda paisajes increíbles para coronar un largo día de viaje.

Star Wars, sintiendo el poder de la fuerza.

Star Wars, set de Mos Espa. Star Wars, set de Mos Espa. Star Wars, set de Mos Espa. Star Wars, vista lejana del set de Mos Espa.

Temprano, para evitar el calor, partimos de Tozeur rumbo a Mos Espa. Este set se encuentra construido en medio del desierto y para llegar a él hay que internarse entre dunas y mucha tierra. Aquí se filmaron varias escenas del planeta de Tatooine (que según dice la leyenda el nombre se inspira en una zona al sur de Túnez llamada Tatauine) y personajes de la infancia de Anakin Skywalker, como Watto el chatarrero, son claves. No tengo tan claro desde cuando existe el set, aunque aparece en el Episodio I y II de Star Wars. Luego de las filmaciones pasaron al olvido y junto con otros sets han ido desapareciendo de a poco. No se encuentra en muy buenas condiciones pero el gobierno de Túnez ha empezado a ver el valor turístico que tienen los sets y debido al turismo que reciben están intentando darle cierta mantención y cuidado. Con 30 minutos para recorrer y tomar fotos está más que bien, el set es pequeño y está en la mitad de la nada.

De aquí seguimos a conocer el poblado de Nifty, tomamos una limonada local invitados por Ali, quien logró reparar el auto. Prácticamente tuvo que gastar todo lo que le debíamos para cambiar piezas del carburador y limpiar todos los residuos de la bencina. Imaginamos que para él, ha sido una pésima aventura y aún peor negocio. Nos dió tiempo para recorrer la medina, pero al ser tan pequeña y ver que estaba todo cerrado, seguimos camino.

Retornamos el camino, pasando nuevamente por el salar. Pasamos por Douz, Tamerza y Matmata como pueblos principales. En este último, visitamos como vive una familia bereber local. En esta zona se han construido casas cavadas en los cerros. Es muy bonito y llamativo. Entramos a una casa que es un hoyo cavado en una montaña con piezas, cocina, lugar para un fogón, living. Sin duda muy interesante. Nos ofrecieron té y pan local. Todo muy rico. Obviamente debíamos dejar un aporte «voluntario», pero después de salir quedamos con la sensación de que no tiene mucho de autóctono y que en verdad está bastante armado para el turismo. De todos modos a mi parecer es una bonita experiencia que refleja de cierto modo como viven algunas personas en esta zona. Viajando por la carretera es posible ver montones de estas casas cavadas en las montañas.

Vista exterior de la casa troglodita en Matmata. Casa troglodita en Matmata, Túnez. Entrada al hotel de Moula Idris, set de Star Wars. Hotel de Moula Idris, set de Star Wars.

Al salir de Matmata, pasamos por el hotel troglodita Moula Idris, que sigue la misma estructura de las casas cavadas. Claro que esto es un hotel medianamente grande. En sus patios interiores y en una de las habitaciones se filmaron otras escenas de Star Wars. Este hotel sirvió de casa para un joven Luke Skywalker. Aquí se filmó el Episodio IV y el II. Es muy pequeño y tiene fotos del momento de la filmación, junto con algunos detalles de la escenografía que han dejado hasta el día de hoy. No es nada del otro mundo, pero sigue siendo entretenido poder ver el lugar donde se filmaron parte de las películas. Siendo ésta la última parada, seguimos rumbo a Djerba para poder pasar algunos días descansando en las playas.

Vista de las montanas, en Matamata.
Vista de las montanas, en Matamata.

Quedé con ganas de poder conocer algunos otros sets, pero encontrarlos o incluso la distancia entre cada lugar complican todo. La granja de los Lars, cercano a Chott El Djerid, siendo uno de los puntos más interesantes junto con el clásico iglú en el salar o la casa de Anakin cerca de Medenine y Hadada entre otros, son lugares que quizás en otro viaje podamos conocer.

Isla de Djerba.

Esta isla que dicen tiene 330 días de sol al año y conocida como la isla de las cien mezquitas tiene un extraño atractivo. Casi no hay desniveles, el punto más alto tiene 50 metros. Sus construcciones son casi todas blancas con una arquitectura muy particular. Los “menzel” como se conocen a sus casas tradicionales. Nosotros nos quedamos en una de estas, aunque con ciertos toques de modernidad. También son típicos los souks o mercados que se repletan de turistas buscando comprar las más diversas especias o artesanías. También de locales que compran sus trajes típicos o pescado. La capital de la isla se llama Houmt Souk y es donde se encuentra el principal mercado.

Carla en las playas de la isla de Djerba. Playa de la isla de Djerba, Túnez. Botes en las playas de isla de Djerba, Túnez.

Nosotros aunque sabíamos algo de esto preferimos aprovechar de descansar y quedarnos en la playa. La movilización no era muy fácil y no queríamos seguir contratando choferes ni arrendar un auto. Quedarnos a leer y descansar bajo el sol en las costas del Mediterráneo nos pareció igual o más atractivo. Pasamos los días más que nada en la playa Sidi Yati I y Sidi Yati II. La primera más conocida por su extensión, de arenas doradas y de un mar turquesa que es imposible no apreciar. Aunque las playas son bonitas, no tienen como compararse a otras playas del Mediterráneo. Son bastante sucias y si bien acá se ven muchos turistas y no hay problema con bañarse junto a musulmanes, no es de lo más cómodo. Aunque entiendo que Europeos prefieran estas playas debido a los precios bajos.

Nuestros días por Túnez acabaron de buena manera. El descanso en sus playas, los paisajes y las ruinas que pudimos ver fueron más de lo que esperábamos, aunque debo decir que no teníamos mucha claridad de lo que llegaríamos a ver. Personalmente creo que no es un destino tan interesante, no es fácil llegar o movilizarse, sus instalaciones no son de lo mejor y las playas (tal vez el principal atractivo) no se comparan con otras del mediterráneo o de otros países que hemos visitado.

¿Qué pasó con el Dron?
Al ir al aeropuerto para tomar el vuelo a El Cairo, nos tramitaron un montón para devolver el dron. Largas esperas y aunque me habían dicho que no debía pagar nada para recuperarlo, una vez me lo entregaron me cobraron CLP$10.000, unos USD$15 para devolverlo. 😤

A.

Fecha de nuestra visita: 8 al 16 de Julio del 2018

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2 comentarios para "Túnez, paseando entre playas, ruinas y escenarios de película."

  1. Un relato muy interesante donde se mezcla la historia con anécdotas que si bien suenan graciosas en el momento de vivirlas deben haber sido una gran molestia, en especial el viaje en el auto.
    Un viaje de película, que tiene algo de eso al visitar el set de Star Wars, fantastico todo.
    Envidiable experiencia, sigan publicando

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